top of page

Si no hay amor, que no haya nada

  • Foto del escritor: Sofía Maiolo
    Sofía Maiolo
  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Hay preguntas que parecen tecnológicas y en el fondo no lo son.


¿Qué automatizamos?

¿Qué delegamos?

¿Qué conservamos bajo nuestro control?


Cuanto más las pienso, más convencida estoy de que la respuesta no viene de un análisis de númerico y estrictamente ingenieril sobre eficiencia. Viene de algo más difícil de medir y pero más potente: el amor.


El amor como criterio. Un criterio concreto, operativo, que orienta decisiones, define prioridades y traza límites. Y en un mundo donde casi todo se puede optimizar, delegar o automatizar, usarlo como brújula creo que es vital.


¿Qué amamos hacer?

¿Qué conservamos bajo nuestro control porque el proceso importa, no solo el resultado? ¿Qué conservamos no por eficiencia sino por identidad? ¿Cómo cuidamos, desde la amorosidad, a nuestra comunidad y entorno?

Hablo del amor en su amplitud: amor por lo que hacemos, amor por nuestro entorno, amor por nuestra comunidad, amor por nosotras y nosotros mismos. El amor une, genera cosas, da fuerza. Y sí, también genera conflictos y fricciones. Pero esas fricciones son las que producen pensamiento real, decisiones con peso, resultados que importan.


El amor como criterio para decidir qué automatizar

Cuando el amor opera como criterio, la pregunta ya no es "¿puedo automatizar esto?" sino algo más difícil: ¿quiero hacerlo? ¿Qué pierdo si lo delego? ¿Qué gano si me quedo? Hay tareas que vale la pena conservar no porque sean más eficientes hechas por personas, sino porque el proceso de hacerlas es parte del valor.


Porque en ese proceso pensamos, nos equivocamos, aprendemos, nos reconocemos. Delegar eso no es productividad. Es pérdida de contacto con lo que hacemos y con quiénes somos mientras lo hacemos.


Esto no significa rechazar la tecnología. Significa usarla con sentido. La diferencia entre automatizar desde el amor y automatizar por inercia es la diferencia entre liberar energía para lo que más importa y vaciar el trabajo de todo lo que lo hacía significativo.


El amor como lo que las máquinas no pueden replicar

Ya sabemos que los LLMs no viven una experiencia. No pasan por la alegría ni el dolor, no maduran en las relaciones, no conocen desde adentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad, la responsabilidad. Pueden imitar el lenguaje del cuidado, pero no pueden cuidar. Pueden generar texto empático, pero no pueden sentir lo que está en juego cuando alguien del otro lado necesita ser visto.


Erik Brynjolfsson, investigador del MIT, llama a esto la "trampa de Turing": la tendencia a construir IA que imita y reemplaza a las personas en lugar de amplificar lo que las personas hacen mejor. Cuando la tecnología nos amplifica, ganamos capacidad sin perder el hilo de quiénes somos. Cuando nos reemplaza, perdemos agencia. Y sobre todo, perdemos contacto con lo que amamos. La diferencia entre uno y otro camino no la puede definir el entorno. La definimos nosotras y nosotros, con las preguntas que hacemos antes de dejarnos llevar por la promesa de una productividad infinita.


El amor como motor de trabajo con sentido

Si no hay amor, que no haya nada entonces. Una frase tan poderosa e icónica del Indio Solari, a pocos días de su muerte. Es la frase que inspiró este post.


Aplicada en este contexto, creo que nos lleva a algo concreto: si lo que hacemos no está conectado con algo que nos importa profundamente, si no hay amor por el proceso, por las personas, por el impacto, entonces lo que producimos es ruido, aunque sea eficiente.


Realmente creo que hablar de amor no es ingenuidad, y que cada vez más necesario. Es lo que sostiene el trabajo cuando es difícil, lo que hace que una decisión compleja valga la pena tomarse en lugar de delegarse, lo que convierte una tarea en algo más que una tarea. Y en un mundo donde la IA puede hacer más y más cosas, la pregunta que queda para las personas no es qué podemos hacer sino por qué lo hacemos, para quién lo hacemos y con qué cuidado.


El amor une lo que hacemos con quiénes somos. Le da dirección al esfuerzo, calor a lo que construimos, y sentido a lo que elegimos no soltar. Como recordatorio de que detrás de cada decisión de automatizar o no automatizar hay una pregunta más profunda: ¿esto que hago, lo hago desde el amor?


Puede sonar naif. Pero estoy convencida. Si no hay amor en lo que construimos, en cómo lo construimos y para qué, entonces no estamos delegando. Estamos perdiendo parte de nuestra identidad.


¡Hasta la próxima! PD: Si te interesa el liderazgo, la innovación, la tecnología y cómo potenciar equipos multiculturales, te invito a seguirme en Substack. Suscríbete aquí y recibí al instante cada nuevo post de esta serie. 🚀🌍


Comentarios


©2018 - 2026 by Sofía Maiolo Cabrera

All content is registered. Unauthorized use of images is prohibited.

bottom of page