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Del aburrimiento a la provocación: el pensamiento lateral

  • Foto del escritor: Sofía Maiolo
    Sofía Maiolo
  • 13 jul
  • 5 min de lectura

Hace unas semanas escribí aquí sobre por qué aburrirse ayuda a crear mejor. La idea central era simple: cuando dejamos de llenar cada minuto con estímulo, la mente empieza a divagar y ahí aparecen asociaciones que la lógica secuencial nunca hubiera generado.


Pero el aburrimiento por sí solo es materia prima, no método. Deja la puerta abierta, no dice qué hacer una vez que entramos. Para eso existe una disciplina con más de cincuenta años de desarrollo: el pensamiento lateral de Edward de Bono. Estuve leyendo sobre esto, y me gustaría unir las dos ideas, porque creo que juntas van armando un marco relevante sobre cómo podemos ejercitar la creatividad.

Aburrimiento y creatividad

La conexión no es anecdótica, hay estudios que la sostienen. Sandi Mann y Rebekah Cadman, de la Universidad de Central Lancashire, diseñaron un experimento en dos rondas.

En la primera, un grupo copiaba números de una guía telefónica durante quince minutos (una tarea deliberadamente tediosa) y luego debía generar usos alternativos para un par de vasos plásticos. Ese grupo produjo más ideas y más originales que un grupo de control sin la tarea previa. En la segunda ronda quisieron aislar la variable: compararon a quienes copiaban los números con quienes simplemente los leían en voz baja, sin escribir nada. Ganó el grupo que solo leía, es decir, la tarea todavía más pasiva. La lectura de las autoras es que cuanto más pasiva y mecánica es la actividad, más libertad le queda a la mente para generar pensamiento asociativo.


Un estudio posterior de Karen Gasper y Brianna Middlewood, de Penn State, aporta un matiz interesante: compararon el desempeño creativo de personas aburridas contra personas relajadas y personas eufóricas. Ganaron las aburridas. En una prueba de categorización (por ejemplo, decidir si un camello cuenta como "vehículo"), quienes estaban aburridos aceptaban categorías más amplias y menos obvias. El aburrimiento parece ampliar el radio de lo que consideramos relacionado, que es exactamente el mecanismo que sostiene cualquier salto creativo.

Hasta acá, lo que nos dice la ciencia. El problema es que ninguno de estos estudios nos dice qué hacer con esa apertura mental una vez que la conseguimos. Ahí entra el pensamiento lateral.

Pensamiento lógico y pensamiento lateral

De Bono parte de un supuesto de base: la mente tiende a fijar patrones porque los patrones son eficientes, resolver un problema conocido con una ruta conocida ahorra energía cognitiva. El costo de esa eficiencia es que los patrones también bloquean la innovación, porque cualquier situación nueva se procesa forzándola dentro de un esquema viejo. El pensamiento lógico (o vertical, en la terminología de De Bono) avanza paso a paso dentro de esos esquemas: define, analiza, concluye. El pensamiento lateral no busca reemplazarlo, busca interrumpirlo a propósito para generar material que el pensamiento lógico después pueda evaluar y aterrizar.

Esa secuencia importa: primero lógica para encuadrar el problema, después provocación deliberada para salir del esquema, después lógica otra vez para filtrar lo que sirve. Sin el primer paso lógico, la provocación es ruido. Sin el segundo paso lógico, la provocación se queda en ocurrencia y nunca se convierte en solución.

Tres técnicas de provocación y ejemplos concretos

De Bono documentó varias técnicas para forzar esa salida del patrón. Estas tres son las que me parecen más sencillas de aplicar a un problema real:

Provocación directa. Se plantea una afirmación deliberadamente absurda sobre el problema, sin filtro de viabilidad, y se registran las asociaciones que dispara. Si el problema es "nuestro equipo llega tarde a las reuniones", la provocación podría ser "eliminemos los relojes de la oficina". La idea en sí es inaplicable, pero puede llevar a preguntas útiles: ¿llegan tarde por el reloj o por cómo estructuramos la agenda? ¿Qué pasaría si las reuniones empezaran automáticamente sin espera de cortesía?

Inversión. Se invierte la relación causa-efecto o el objetivo mismo del problema. En vez de preguntar "cómo logramos que las personas usuarias vuelvan a nuestro producto", la inversión pregunta "cómo logramos que nunca vuelvan". Enumerar las formas de espantar a alguien suele revelar con precisión quirúrgica cuáles son las fricciones reales que hoy generamos sin darnos cuenta.

Exageración o minimización. Se lleva un aspecto del problema a un extremo ridículo para que se vuelva visible lo que en su tamaño normal pasaba desapercibido. Si el problema es "hay demasiadas interrupciones en el equipo", exagerarlo sería imponer silencio absoluto y comunicación solo por escrito durante una semana. Es probable que ahí aparezca con claridad si el problema es el volumen de interrupciones o la falta de acuerdos sobre cuándo interrumpir.

Ninguna de las tres técnicas busca generar una idea cerradita y ejecutable en el momento en que se aplica. Buscan romper la ruta habitual. La idea "bajada a tierra" aparece después, cuando el pensamiento lógico vuelve a entrar en escena para evaluar qué de todo lo generado tiene valor real.

Un marco práctico para combinar ambas cosas

Si unimos la evidencia sobre aburrimiento con el método de De Bono, nos queda un proceso de cuatro pasos bastante concreto:

  1. Encuadrar el problema con lógica. Definirlo en una frase clara, sin ambigüedad, antes de tocar nada creativo.

  2. Generar espacio de baja estimulación. Bloquear un tramo de tiempo sin pantallas, sin podcasts, sin multitarea. Es tiempo deliberadamente pasivo, siguiendo la lógica del experimento de Mann y Cadman.

  3. Aplicar una técnica de provocación sobre el problema definido en el paso 1. Elegir una sola técnica por sesión (provocación directa, inversión o exageración) y anotar todo lo que aparezca sin filtrar.

  4. Volver a la lógica para evaluar. Revisar lo generado y quedarse con lo que, una vez aterrizado, resuelve algo real del problema original.

El aburrimiento sin este cuarto paso se queda en una especie de divague divertido. La provocación sin los pasos uno y dos se queda en ejercicio un poco forzado y sin la apertura mental que lo vuelve fértil. Es la combinación de ambos la que produce algo interesante.

Cierre

Como comentaba en mi pot anterior, la creatividad no es un rasgo de personalidad reservado para quienes "son creativos", es un proceso con mecanismos claros: uno que abre (el aburrimiento, la mente en piloto automático) y uno que estructura esa apertura en algo con dirección (la provocación deliberada).

Trabajar ambos en conjunto, y no solo confiar en la inspiración espontánea, es lo que hace que la práctica sea repetible en vez de accidental, y que podamos llevarla de forma intencional a åmbitos que precisan de esas miradas diferentes.

¡Hasta la próxima! PD: Si te interesa el liderazgo, la innovación, la tecnología y cómo potenciar equipos multiculturales, te invito a seguirme en Substack. Suscríbete aquí y recibí al instante cada nuevo post de esta serie. 🚀🌍

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